La ConsagraciónLa consagración es apartarse del pecado, separarse para Dios, amar a Dios de tal forma que no se desee pecar, comprometerse en la obra del Señor, asistir a las reuniones en la Iglesia, buscar el poder de Dios. Consagración no es sentirse puro, sino el ofrendarse y entregarse completo a Dios (LBLA Romanos 12:2).

 

LA CONSAGRACION ES UNA OBRA DE DIOS

La consagración es una actitud del corazón regenerado, que impone la necesidad de agradar a Dios con nuestra vida, actitudes y acciones. Es el Señor el que nos capacita para que hagamos lo bueno (Hebreos13:21). Es Él que pone en nosotros el querer como el hacer (Fil. 2:13).

 

NUESTRA PARTE EN LA CONSAGRACION | 1 Tes. 5:23-24

En la obediencia se encuentra el secreto de vivir de una forma que agrada a Dios y que el demanda de nosotros. Para alcanzar la consagración es vital que nuestros pies estén firmes en la roca que es Cristo y que conozcamos Sus promesas, sabiendo que Él es poderoso para sostenernos y guardarnos sin caída. Un hombre consagrado es aquel que conoce sus debilidades y reconoce que necesita sujetarse a Dios en obediencia a Su Palabra para poder lograr el propósito de agradarle.

 

LA CONSAGRACIÓN ES UN ACTO DE  AMOR

Para poder amar a Cristo, es preciso conocerle y si le amamos debemos amar y creer Su Palabra, pero debemos tener presente que cualquier manifestación de amor por nuestra parte es tan solo una respuesta a la iniciativa de Dios, al habernos amado  aun cuando no lo merecíamos  (Rom. 5 6-8;  1 Juan 4:19). Amamos a Dios porque Él nos amó primero y la obediencia viene como consecuencia o respuesta de su afecto.

¿Que Implica la Consagración?

a)      Es un renovar  de  nuestra  mente. Es permitir que el Señor cambie nuestros pensamientos por los de Él (Romanos 12:2).

b)      Es cambiar  de  actitud. Convertirnos al Señor en todas las áreas de nuestra vida (Isa. 55:7).

c)       Es  vivir  en el propósito del  Señor. Es depender de la voluntad de Dios, sabiendo que todos sus pensamientos para nosotros son para bien. Aun llevados al desierto, lo hará para hablar a nuestro corazón (Oseas 2:14).

d)      Es aceptar la voluntad  del Señor.  El mismo Señor dijo: la carne es débil aunque el espíritu está dispuesto. Es por eso que para asistirnos en el proceso de consagración, nos dejó al consolador quien nos ayuda (Romanos 8:26).

e)      Es ofrecernos al Señor. Nuestro Dios solo puede ser encontrado por los que le buscan. Por eso es necesario subir al monte del Señor para ofrecernos voluntariamente (Rom. 12:1). Debemos hacerlo con confianza y conciencia.

f)       Es   vivir como peregrinos. Es saber discernir que tan solo estamos en tránsito a nuestra verdadera patria,  esto conlleva saber que nuestra vida en la tierra es como la hierba del campo (Filipenses 3:20).

 

CONCLUSIÓN

  1. Como pueblo de Dios hemos sido llamados a la consagración, no hay otro camino para el creyente en Cristo y no hay otra forma de agradar a Dios.
  2. Subamos al monte como subió Abraham;  en una mano la antorcha (tipo del espíritu) y en la otra el cuchillo o espada (tipo de la Palabra de Dios). Subamos y ofrezcámonos en el altar de Dios y hallaremos reposo para nuestras almas.
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Fuente de Origen: http://somosebenezer.com/la-consagracion
Clasificado como: Santidad
Por: Lovel Einstein Figueroa.
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