PalabrasMateo 12:36- 37“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”    Palabras

Después de mucho hablar y escuchar a otros hablar, he aprendido algunas lecciones, una de ellas es: Que para bien o para mal, somos dueños de las palabras cuando todavía están guardadas en el corazón, pero cuando ya han sido expresadas somos esclavos de ellas. Otra lección es: ¿No ha notado usted que por lo general somos muy tolerantes de nuestras palabras y actitudes incorrectas, pero somos jueces muy duros cuando miramos las mismas actitudes y escuchamos las mismas palabras en los demás? Si las palabras reflejan lo que hay en nuestro corazón, aprenderíamos mucho si escucháramos y juzgáramos nuestras propias palabras, especialmente cuando estamos fuera de un ambiente espiritual.

 

HABLAMOS LO QUE SOMOS

Que es la palabra sino la expresión audible de lo que llevamos por dentro; a esto se refirió el Señor Jesús cuando dijo “El hombre bueno,  del buen tesoro del corazón saca buenas cosas;  y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”. Nuestras palabras revelan lo que verdaderamente somos, si somos personas de fe o escépticos, pretenciosos o humildes, compasivos o insensibles, espirituales o carnales, negativos o positivos, etc.

 

La gran pregunta ¿ATAR O DESATAR?

Con demasiada frecuencia expresamos palabras sin pensar, no comprendemos que nuestras palabras tienen poder para crear y para destruir, para atar y desatar. Mucho en nuestra vida es establecido por nuestras palabra, Dios dice en su palabra: “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios” (Proverbios 6:2). Debemos observar que no son otras personas sino cada uno de nosotros quienes nos atamos con alguna maldición. Quienes se acostumbran a proclamar maldiciones sobre sí, repiten la misma práctica sin medir las consecuencias de su forma de hablar, sin tomar conciencia de todo lo que pueden desencadenar.

 

PODER PARA TRANSFORMAR NUESTRAS PALABRAS

Cuando venimos a Cristo, Dios nos hace nacer de nuevo, esa obra solo la puede producir Dios en nosotros, inmediatamente Dios envía su Espíritu Santo a morar nosotros, para darnos la fuerza moral y espiritual que nos ayuda en el proceso de regeneración, y entonces comienza la transformación de nuestra vida. Debemos primero permitirle al Espíritu de Dios cambiar nuestro corazón, luego permitamos al Espíritu de Dios que renueve el espíritu que gobierna nuestros pensamientos, y como consecuencia nuestro vocabulario se irá transformando.

 

ROMPIENDO CON EL PASADO Es probable que alguien pueda reconocer que se ha atado con sus palabras y que se encuentre sufriendo las consecuencias. El poder transformador de Jesucristo libera cuando vamos a Él. Para romper con las consecuencias de esas ataduras es necesario reconocerlo y disponernos a ser libres con el poder del Hijo de Dios. Hay tres pasos que debemos seguir:

 

  • Primero, arrepentirnos de la insensatez por hablar sin pensar.
  • Segundo, renunciar y cancelar las palabras que se dijeron.
  • Tercero, reemplazar las malas confesiones por confesiones correctas, es decir confesiones bíblicas y llenas de fe, eliminando de nuestro vocabulario todas aquellas palabras que desatan maldición.

 

De ahora en delante ejerzamos autocontrol cuidando nuestro vocabulario y recordemos que deberemos responder ante Dios por cada palabra que ha salido de nuestra boca.

Cuidemos Las palabras

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Fuente de Origen: http://somosebenezer.com/palabras/
Clasificado como: Creciminento
Por: Lovel Einstein Figueroa.
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